Los transgénicos son alimentos modificados mediante ingeniería genética [genetically modified food]. El objetivo es obtener alimentos con unas características mejoradas. El primer alimento transgénico se comercializó en 1994, en EE.UU, se trataba del tomate “Flavr Savr” diseñado para tener mejor sabor y ser más duradero, lo cual se consiguió introduciendo un gen que retrasaba su putrefacción (1). Pues bien, este tomate mejorado, al final no resultó serlo y tuvo que ser retirado a los dos años, debido a que presentaba un sabor raro y, lo más inquietante, se detectaron cambios en su composición. Posteriormente la soja transgénica y el maíz han sido ejemplos de alimentos transgénicos que se han lanzado al mercado.

Por otra parte, las semillas tradicionalmente solían comprarse y a partir de ahí, en sucesivas cosechas, se guardaba una parte de las mismas para el siguiente cultivo. En cambio, actualmente las grandes empresas del sector, controlan la producción de semillas mediante el desarrollo de Organismos Genéticamente Modificados, también denominados OGM [Genetically Modified Organisms, or GMO] (2). Actualmente, se cultiva transgénicamente a escala comercial sobre todo maíz, soja, colza y algodón.

Es resaltable la información que GreenPeace ha publicado, advirtiendo de la situación en España en su artículo titulado ¿Sabías que España es el único país europeo que cultiva transgénicos a una escala importante? (3). En dicho artículo se destaca que si bien 17 países de la Unión Europea han prohibido el cultivo de transgénicos, el 67 % de los ensayos experimentales al aire libre en Europa se realizan en España, donde se encuentra el 95 % de los cultivos transgénicos. Además pone de relieve que todavía no hay estudios a largo plazo que demuestren que los alimentos cultivados transgénicamente son seguros para los humanos.

Lo anterior parece preocupante y cabría en primer término hacer un listado de la legislación que regula las invenciones biotecnológicas:

a) a nivel internacional: El Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de la Propiedad Intellectual relacionados con el Comercio (ADPIC) [The Agreement on Trade-Related Aspects of Intellectual Property Rights (TRIPS)], los Acuerdos de Doha [Doha Agreement], el Convenio sobre Diversidad Biológica de Rio de Janeiro de 1992 [Convention on Biological Diversity], el Protocolo de Nagoya [Nagoya Protocol].

b) a nivel europeo: Convenio de Múnich sobre Concesión de Patentes Europeas, de 5 de octubre de 1973 [European Patent Convention]. Directiva 98/44/CE sobre invenciones biotecnológicas [Directive 98/44/EC on the legal protection of biotechnological inventions] y el Reglamento 511/2014 del Parlamento Europeo y del Consejo, relativo a las medidas de cumplimiento de los usuarios del Protocolo de Nagoya [Regulation (EU) No. 511/2014 of the European Parliament and of the Council on compliance measures for users from the Nagoya Protocol]. Directiva 2001/18/CE sobre la liberación intencional en el medio ambiente de Organismos Genéticamente Modificados [Directive 2001/18/EC on the deliberate release into the environment of genetically modified organisms]. Reglamento (CE) nº 1829/2003 sobre alimentos y piensos modificados genéticamente [Regulation (EC) No. 1829/2003 on genetically modified food and feed].

c) a nivel nacional: Ley 24/2015, de 24 de julio, de Patentes [Law No. 24/2015 of July 24, on Patents].

La cuestión que se plantea a continuación, es si dicha legislación ha resultado eficaz para la protección de los bienes jurídicos propugnados. Lo anterior nos lleva a la polémica que rodea la patentabilidad de las invenciones biotecnológicas. En este ámbito se cuestiona si dichas patentes representan la defensa descarnada de la propiedad privada mediante una actitud prepotente que pretende someter a la naturaleza.

En este sentido, no podemos obviar que los derechos de patente de las invenciones mencionadas han posibilitado que las grandes multinacionales productoras de semillas adquieran fuerza y monopolicen la comercialización. La mayoría de patentes están concentradas en empresas como Monsanto, Syngenta, Bayer, y hay quienes mantienen que ello conduce a los agricultores a una situación de dependencia (4).

Podría pensarse que la legislación se interpreta en beneficio de las empresas biotecnológicas, con la contradicción implícita que supone olvidarse a los afectados por estos avances (5). Es obvio que las diferencias entre los países ricos y pobres siguen creciendo. Al controlar el cultivo de semillas, podría argumentarse que también se está controlando las costumbres y formas de vidaquienes dependen de la agricultura.

Como corolario, quizá sería necesario un paso más para conseguir una coordinación en materia de legislación sobre protección de patentes e invenciones biotecnológicas y protección de la biodiversidad. En este sentido sería fundamental dotar al Convenio de Diversidad Biológica de mayor efectividad, convertirlo en una verdadera herramienta que posibilite el avance de la tecnología biotecnológica, imponiendo determinadas obligaciones, estrechando el margen de interpretación del mismo por parte de cada país.  

No tengo ninguna duda que si el ingenio humano decide aplicarse a esta tarea y no a la maximización de los beneficios corporativos a repartir entre unos pocos, puede conseguirse.

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Bibliografía:

  1. http://calag.ucanr.edu/Archive/?article=ca.v054n04p6
  2. http://www.genewatch.org/sub-568236
  3. https://es.greenpeace.org/es/trabajamos-en/agricultura/transgenicos/; http://archivo-es.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Transgenicos/mapa-de-espana/
  4. https://www.tiredearth.com/articles/brief-explanation-about-gmos-companies
  5. https://www.theguardian.com/global-development/poverty-matters/2013/jun/24/gm-crops-african-farmers